Conozcamos mejor nuestras articulaciones

sustancias articulaciones

Una articulación es la unión entre dos o más huesos, un hueso y cartílago o un hueso y los dientes. Son imprescindibles para nuestra movilidad y proporcionan plasticidad y elasticidad al cuerpo, además de ser lugares de crecimiento. Unas articulaciones sanas contribuyen a una mejor calidad de vida, pero lo cierto es que no solemos prestarles atención hasta que nos molestan o duelen.

Esencialmente existen 2 tipos:

  1. Las semimóviles, donde los huesos están adheridos a un fibrocartílago y permiten mínimos movimientos. Son las que podemos encontrar en la parte anterior de la pelvis, entre los huesos ilíacos o entre los discos vertebrales.
  2. Las móviles o diartrodias,  que permiten los movimientos angulares, repetitivos y amplios. Estas articulaciones presentan 3 tipos de tejidos: cartílago, cápsula y membrana sinovial.

Las partes óseas en un articulación móvil están cubiertas por una capa partescartilagoblanquecina y brillante, de superficie suave, que es el cartílago. A su vez está recubierto por la cápsula articular, una membrana fibrosa rica en fibras de colágeno que proporciona al tejido propiedades tensoras y mantiene unidos los huesos a la vez que les permite moverse en determinadas direcciones. El tercer tejido es la membrana sinovial que como un saco cerrado tapiza las superficies articulares de los huesos y contiene un líquido llamado sinovia (líquido amarillento y viscoso, tiene diferentes funciones: lubrica, nutre y elimina los residuos de la actividad de las células cartilaginosas).

El cartílago articular es el encargado de reducir la fricción al transferir y distribuir las presiones, ofreciendo así una superficie articular lubricada que permite el deslizamiento y giro de los huesos con el menor desgaste posible. entre otros.

La mayoría de las lesiones articulares se producen por desgaste, convirtiéndose así en lesiones degenerativas. Las más frecuentes son la Artrosis degenerativa, un proceso de erosión de los cartílagos que puede llegar a provocar la desaparición de los mismos y un dolor intenso que aparece de forma progresiva con el tiempo; la Artropatía neurogénica que consiste en la degeneración progresiva crónica de la porción que soporta la tensión en una articulación; y la Espondiloartritis anquilopoyética, una enfermedad autoinmune reumática crónica con dolores y endurecimiento paulatino de las articulaciones.

Las patologías en las articulaciones pueden reducir la calidad de vida y debemos utilizar ayuda: técnicas de relajación y meditación, que nos permiten potenciar la capacidad que poseemos para redigir el dolor, o realizando ejercicios específicos, que nos permiten conservar o mejorar el movimiento. Además podemos servirnos de la naturaleza, que nos ofrece plantas y suplementos de gran ayuda en estos trastornos.

Destacamos, entre los de origen no vegetal, el cartílago de tiburón, que se compone de colágeno, agua, calcio, fosfato y sulfato de condroitina y ayuda a aliviar el dolor e inflamación de artritis y psoriasis;el mejillón de labio verde, que alivia la inflamación en el caso de osteoartritis y artritis reumatoide; o los sulfatos de condroitina y de glucosamina, que ayudan a disminuir la inflamación y el dolor, a retrasar el deterioro del cartílago, baja el dolor en caso de osteoartritis y aumenta la movilidad articular.

Por su parte las plantas nos ofrecen su particular aportación a la hora de ayudarnos a combatir los dolores y las enfermedades articulares, como los ácidos grasos esenciales, destacando los omegas 3 y 6, imprescindibles para controlar el impulso nervioso y el dolor y que además disminuyen el desarrollo de patologías como la artritis reumatoide.

También nos ayudarán utilizar la boswelia, que reduce la inflamación y trata la osteoartritis, artritis reumatoide y los síntomas de la bursitis y cuya eficacia es mayor si la combinamos con otros elementos como la cúrcuma, de la que tenemos que tener en cuenta su efecto anticoagulante.

Utilicemos también jengibre, gotu kola, ortiga, sauce blanco y verde para reducir la inflamación, mejorar la circulación y disminuir los dolores.

Sin embargo, no debemos olvidar que todos estos procesos son crónicos y debemos utilizar la terapia más adecuada y suave posible sin olvidarnos de fármacos como los AINE o los corticoides en casos de ataques o crisis agudas de las distintas enfermedades. Lo importante es controlar el dolor y hacer que la vida del paciente no se vea limitada por el dolor o la movilidad. Debemos, además, potenciar el ejercicio, las actividades de ocio y diversión, que ayudan a controlar la tensión emociona, mejorando así en el terreno físico y el mental, ganando en calidad de vida.

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