El verano: ¡no todo son ventajas! Cómo protegernos de los golpes de calor

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La hipertermia o golpe de calor es una elevación de la temperatura corporal hasta 40 grados (cuatro más de lo normal) por exposición a  altas temperaturas, que se produce cuando dejan de funcionar los mecanismos que usa el organismo para enfriarse, como pueden ser el sudor y la respiración.

Los síntomas de la hipertermia o golpe de calor son diversos y algunos inespecíficos, tales como dolor de cabeza, sensación de boca seca y pastosa, náuseas, vómitos, mareos, escalofríos, desorientación, piel seca y enrojecida y disminución de la respuesta, hasta llegar a una posible pérdida de conciencia.

Es algo que puede afectar a cualquier edad, aunque es un problema que acusan más las personas mayores si no se toman las medidas adecuadas en los días de mucho calor. Por eso los expertos aconsejan adaptar la dieta tomando alimentos menos calóricos y más hidratantes. Hay que comer frutas frescas y vegetales que contengan mucha agua y evitar el exceso de sal, ya que demasiado sodio podría obstaculizar la producción normal de sudor corporal.

Para conseguir el equilibrio entre la cantidad de líquido que entra y el que sale del organismo hay que beber entre 2 y 2,5 litros de líquido gradualmente a lo largo del día, con más frecuencia por la mañana y la tarde, para evitar la incontinencia nocturna. Hay que tener en cuenta que la falta de sed es engañosa, por lo que se debe consumir agua, infusiones o zumos de frutas aunque no se tenga la sensación de sed, y evitar el consumo de bebidas alcohólicas.

Hay que protegerse de la exposición directa y prolongada al sol y evitar la exposición en las horas de mayor intensidad (de 12.00 a 16.00 horas) y cuando la humedad relativa es superior al 60 por ciento. También hay que evitar hacer ejercicio físico durante las horas de más calor ya que la asociación de actividad física, alta temperatura y humedad alta incrementa mucho el riesgo de sufrir un golpe de calor. Es preferible vestirse con ropa ligera y suelta, de colores claros, para que la piel pueda respirar y proteger la cabeza del sol con sombrero o gorra.

Qué hacer ante un golpe de calor

Todos podemos sufrir un golpe de calor, aunque los más vulnerables son los ancianos, niños, embarazadas, enfermos crónicos y personas que toman diuréticos y otros medicamentos. Ante la sospecha de que alguien puede estar sufriendo un golpe de calor, hay que trasladarlo a una zona de sombra e intentar refrescarlo con paños o toallas húmedas frías en la nuca, frente, bajo las axilas y en la ingle,  y darle muchos líquidos de preferencia con electrolitos. Si su estado empeora con mareos, intenso dolor de cabeza,  incremento de la respiración y ritmo cardíaco, sudoración excesiva, espasmos, confusión o desorientación, hay que llamar a los servicios sanitarios.

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