Elecciones correctas para una alimentación saludable

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Los alimentos nos acompañan a lo largo de nuestra vida, siendo por definición un producto natural o elaborado, sólido ó líquido, que contiene uno o varios nutrientes que el organismo necesita para desarrollar sus funciones vitales. Aunque en realidad son más que eso: podríamos considerarlos como una cuestión de supervivencia, ya que sin ellos la vida no sería posible porque son nuestro combustible. Por descontado, son un remedio eficaz frente a distintas enfermedades o necesidades específicas de nuestro organismo, pero además son un objeto de placer.

De los alimentos obtenemos nutrientes energéticos (hidratos de carbono, grasas y proteínas) y otros no energéticos como son las vitaminas y minerales. Además poseen un indiscutible poder preventivo y curativo. En ellos se encuentran auténticos medicamentos naturales capaces de neutralizar y eliminar toxinas, regular funciones vitales, frenar la arteriosclerosis, evitar el cáncer… es decir, conservar la salud. Ningún alimento puede hacer esto por sí solo, sino que necesitamos una alimentación equilibrada, que se consigue ingiriendo alimentos variados de todos los grupos, crudos o cocinados de la forma  adecuada.

Hay evidencia científica que relaciona ciertos nutrientes de nuestra dieta como agentes causantes o preventivos de ciertas enfermedades: si consumimos un exceso de purinas, como mariscos o carnes, nos causarán subidas de ácido úrico, mientras un consumo elevado de frutas y verduras mejoran muchas patologías, previniendo otras, como la aparición de ciertos cánceres. Además, la toma de cereales integrales y frutos secos oleaginosos reduce el riesgo de infarto de miocardio y el exceso de colesterol sanguíneo. Sin embargo , el consumo de grandes cantidades de carne aumenta el riesgo hacia estas enfermedades.

Muchas personas siguen una dieta caracterizada por un consumo excesivo de calorías con un frecuente desequilibrio de nutrientes, es decir, en muchas ocasiones comemos más lo que apetece que lo realmente necesario. El consumo de alimentos de origen animal conlleva un incremento de grasas saturadas y colesterol en la dieta. Se consumen además muchos alimentos refinados y muy elaborados por lo que baja su aporte de vitaminas, minerales , fibra, los cuales se encuentran en mayor cantidad si el alimento se toma en su estado más natural, integral y sin procesados.

Nuestra salud se ve influenciada por las pequeñas decisiones o elecciones que hacemos en el día a día en cuanto a nuestra alimentación y según la frecuencia y cantidad con la que consumimos unos u otros alimentos nuestra salud puede verse afectada muy directamente.

Los alimentos de origen vegetal además de aportar fibras, minerales y vitaminas, aportan sustancias fitoquímicas clasificadas como no nutrientes pero que tienen efectos sobre el organismo al colaborar directamente en reacciones químicas de este, favoreciendo absorción de nutrientes. Estos elementos están en estudio y son responsables de potentes efectos anticancerígenos y curativos de múltiples enfermedades.

Podemos ingerir casi cualquier cosa: secreciones mamarias, cristales minerales, frutos, flores, semillas, tallos, hojas, raíces, algas, hongos, huevos de peces y aves, cuerpos muertos de animales. De ellos podemos obtener, mediante distintos procesados, miles de alimentos diferentes. Pero no todos son iguales en composición, aporte de energía, sabor… y no a todas las personas aprovechan igual los nutrientes de cada alimento y algunos incluso pueden resultar dañinos individualmente.

Los alimentos vegetales y animales se diferencian fundamentalmente en que los vegetales poseen sustancias (antioxidantes y elementos fitoquímicos) que los animales no poseen.  En general los alimentos vegetales no aportan ningún daño, mientras que los animales pueden transportar virus, bacterias, parásitos patógenos, su consumo habitual se relaciona además con aparición de enfermedades como gota, cáncer o afectaciones cardiovasculares. Ambos aportan energía, los vegetales sobre todo a través de los H de C (4 Kcal por gramo), grasas y proteínas en proporciones variables de unos a otros:

  • los vegetales a través de los hidratos de carbono aportan 4Kcal./gramo
  • nueces, semillas de lino: 9Kcal./gramo
  • legumbres, pseudocereales (amaranto, quinoa, etc.): 4 Kcal./gramo
  • los animales aportan sobre todo proteínas y aceites esenciales de buena calidadaa esenciales). También aportan grasas, pero éstas son de mala calidad.

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